sábado, 12 de diciembre de 2015

GUATEMALA SE RE(v)BELA


Guatemala se re(v)bela
Desvistiéndonos de normas y convenciones para saber quienes somos”

Exposición en Alianza Francesa de Guatemala
Del 3 de Febrero al 5 de marzo de 2016



Revelarnos para rebelarnos, rebelarnos para revelarnos.



Revelar. Del latín revelāre: Quitar(se) el velo

Rebelar. Del latín rebellis: Oponer resistencia



Simple a primera vista pero desafiante en el fondo, el proyecto fotográfico Guatemala se re(v)bela de Daniel Hernández-Salazar propuso retratar en dos tomas, una vestidos, la otra, desnudos, a todas aquellas personas que acudieran a una convocatoria abierta. Con esto, buscó retar los estereotipos, prejuicios y temores que nos ha impuesto una sociedad patriarcal, machista y conservadora respecto a nuestros cuerpos, y que poco tienen que ver con las aspiraciones de estima, apertura, tolerancia y libertad que compartimos muchos de nosotros. Sumaba así un acto de rebeldía al ambiente de protesta que se había generado en Guatemala a mediados del 2015.

El desnudo es uno de los temas privilegiados de Hernández-Salazar y ha sido recurrente en casi todas sus series y exposiciones, desde Epifanía (Guatemala, 1989), hasta Memento vitae, Memento mori  (Amberes,  2014-15). Fue eje central de su muestra Ecce Homo, primera exposición fotográfica de desnudo masculino en Centroamérica (Antigua Guatemala, 1995), pero también lo ha usado sutilmente en otras series como en Rostros de la Música (Guatemala, 1993; Lectoure, 1994; Armherst 1996 y México 1998). Hernández-Salazar no sólo emplea el desnudo con fines estéticos, también lo maneja con una fuerte carga política y de denuncia. Su obra más conocida, Esclarecimiento, emblema que recuerda los abusos durante la guerra en Guatemala y nuestro pasado inconcluso, presenta cuatro ángeles desnudos.

Guatemala se re(v)bela mantiene la postura retadora de su autor, e invita a rebelarnos en distintas facetas. Primero, desvincula el desnudo artístico de la concepción del cuerpo ideal—de allí la razón de convocar a ciegas, sin considerar la apariencia física. Luego, confronta a una sociedad puritana y conservadora en el uso del desnudo como forma alternativa de expresión. Y, por último, se opone a los estereotipos que desprecian la diversidad, fortalecen las estructuras de poder y fomentan la violencia.

En este proyecto, Hernández-Salazar recurre a sus destrezas de retratista y dominio del blanco y negro, que combina con influencias que siempre lo han inspirado. El toque de Irwing Penn es seguramente el más evidente, con el uso del fondo neutro de esquina. Su enfoque sobre la persona y la exaltación cruda de las características nos recuerdan a Richard Avedon, al igual que el resalte de las texturas nos sugiere a Robert Mapplethorpe. Años atrás, Greg Friedler intentaría una propuesta similar que Hernández-Salazar supera claramente con esta serie en intención, contenido, y maestría técnica.

Así, en pleno bullicio político, Hernández-Salazar retrató durante cuatro días a 65 personas comprendidas entre los 18 a 69 años de edad, quienes conformaron una muestra muy representativa de la Guatemala urbana clase-mediera. Ni ellos ni el autor del proyecto negarían que el cuerpo considerado estereotípicamente estético representa un ideal de salud y belleza que la mayoría apreciamos y al que quisiéramos acercarnos. No obstante, todos se adherían a la crítica de convertir este cuerpo ideal en instrumento de poder, sometimiento y discriminación, factores que en definitiva, han contribuido a desnaturalizar la desnudez, principalmente la propia. De allí que los modelos que buscaban “sentirse bien dentro de su piel” al posar desnudos hayan encontrado en la sesión fotográfica un acto profundamente liberador. “Al quitarme la ropa me sentí como una mariposa saliendo del capullo”, mencionó una de las participantes.

Aunque el interés de posar en Guatemala se re(v)ela era igual en intensidad entre hombres y mujeres, hubo matices que marcaron una clara distinción de género. Entre los hombres, las sesiones fotográficas significaron reafirmarse o adquirir confianza en sí mismos con respecto a su cuerpo y aceptarse dentro de una diversidad de tamaños, formas y colores. “Vinimos acá a superar todos nuestros miedos” decía un modelo, mientras que otro argumentaba con igual tino que “finalmente, el cuerpo ideal es más bien la excepción y todos los demás somos la norma”.

Las modelos femeninas en el proyecto mostraron una determinación más evidente. En una sociedad machista, la presión sobre el cuerpo femenino va más allá de los estándares de belleza, y arremete contra toda la dignidad de la mujer. Según varias participantes, Guatemala se re(v)bela constituyó para ellas un medio para re-apropiarse de sus cuerpos ya que posar al desnudo les permitió expresar que ellas son las únicas dueñas de su cuerpo y, por ende, las únicas que pueden decidir sobre él. Algunas modelos osaron confesar haber sufrido distintos tipos de abuso y sintieron la sesión fotográfica como una especie de bálsamo sanador que les devolvía la autoestima y seguridad sobre sus cuerpos.

El juego de palabras de Guatemala se re(v)bela resultó ser muy apropiado no sólo a los propósitos e inquietudes de Hernández-Salazar sino también a la de todas las personas que participaron. Así, ReVelarse y ReBelarse se volvieron dos componentes de un binomio indisoluble. Independientemente a cómo cada quien consideró a uno como medio para llegar al otro, la asociación de ambos resultó hacer del proyecto un acto de empoderamiento y liberación. Participar en Guatemala se Re(v)bela no está exento de riesgos, familiares o laborales que los participantes están dispuestos a asumir con el propósito compartido de contribuir al cambio social y de construir una sociedad más abierta, tolerante, propositiva y, sobre todo, libre. “Veo mi participación—dijo uno ellos—como el ladrillo con el que contribuyo a construir una sociedad diferente. Algún día, cuando alguien vea mi foto, pensará en mi contribución.”

Oscar Iván Maldonado

Guatemala, enero de 2016